¿Recargar con el calor del escape? Así es la nueva apuesta para reducir emisiones
Stellantis quiere utilizar escapes en los coches eléctricos y ahora científicos americanos han encontrado una solución a los contaminantes gases de escape de los coches de combustión. el objetivo ya no es solo reducir estos al mínimo posible, sino encontrarle una nueva utilidad para híbridos y PHEV.
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Los fabricantes se las ven y se las desean para cumplir con las cada vez más estrictas normas anticontaminación. Una lucha encarnizada en la que también se han embarcado los grandes proveedores de la industria, que saben que la combustión tradicional durará más de lo pensado en un principio. Por lo menos, ya se sabe que Europa está considerando que las marcas vendan híbridos enchufables en 2035.
Unos de los siguientes pasos de la industria es convencer a Bruselas de los beneficios de los combustibles sintéticos y del hidrógeno como sustituto de la gasolina y el diésel. Pero, en esta cruzada, también se han metido ingenieros y científicos, como unos americanos que han descrito un interesante método para reducir al máximo las emisiones de escape de los motores térmicos.
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Las posibilidades que ofrece el calor como energía
En los coches eléctricos, las marcas han conseguido aprovechar al máximo el calor desprendido por la electrónica de potencia y por el cargador de a bordo mientras el vehículo eléctrico recarga energía. Bien para calentar el habitáculo o la batería y que ésta disponga de una temperatura óptima, reduciendo los daños por el frío a largo plazo.
El objetivo es el mismo pero a partir de las emisiones de escape. Los estadounidenses han descrito un sistema que convierte la energía calorífuga de los gases de escape en electricidad, que sirve para cargar la batería de un coche. Es decir, lo que han creado es un generador termoeléctrico que aprovecha la diferencia de temperatura entre los gases de escape y el aire circundante para generar electricidad.
Recolectar calor a alta velocidad es un reto pero no imposible
El principio técnico pasa por instalar unas aletas triangulares en el interior del terminal del escape para recolectar el calor y que se transforma en energía eléctrica. Los estudios han demostrado que con una temperatura de salida de los gases de escape de 190º, se puede conseguir una potencia de salida máxima del sistema de 40W. El problema es que, aunque esta cantidad parezca muy significativa, en realidad solamente equivale a 0,04 kW.
Muy insuficiente como para recargar una batería, que es el objetivo. Los investigadores americanos lo saben, por lo que apuntan a la necesidad de encontrar la fórmula, y la forma, para captar el máximo calor posible y, por tanto, energía térmica, en objetos en movimiento -coches- a alta velocidad y durante el mayor tiempo. Solo así es posible conseguir el efecto de cargar una batería; al menos, para alimentar los sistemas eléctricos de confort.
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