Qué es una carretera con tramo de control de velocidad variable y cómo funciona
Las vías con segmentos de velocidad fluctuante modifican el límite en función del tráfico y el clima para incrementar la seguridad y minimizar los atascos. Conoce el funcionamiento de este sistema y las razones por las cuales se está implementando en España.
¿Son los límites de velocidad variables el futuro de la movilidad en las carreteras? - Unsplash
Las carreteras con tramos de control de velocidad variable son una herramienta moderna de gestión del tráfico diseñada para mejorar la fluidez y la seguridad vial.
En pocas palabras, ajustan el límite de velocidad según las circunstancias del momento, como si fueran un ‘termómetro’ del tráfico que nos dice cuánto pisar el acelerador sin que el caos se apodere de la carretera.
¿Cómo funciona la velocidad variable?
El principio es simple: si la carretera se empieza a poner fea por culpa del tráfico, la lluvia o un accidente, el sistema baja el límite de velocidad de forma progresiva para evitar frenazos bruscos y embotellamientos.
Es decir, genera el entorno adecuado para conseguir un tráfico fluido y sin cambios bruscos de velocidad que propicien atascos.
La velocidad variable es una solución que ya se ha probado con éxito en otros países
Esto se hace mediante paneles luminosos situados sobre la vía, que van indicando en tiempo real la velocidad máxima permitida según la situación.
Para que todo esto opere sin que ninguna persona tenga que calcular a ojo, se requiere la implementación de sensores e inteligencia artificial responsables de examinar el flujo de tráfico.
Estos sistemas identifican atascos, incidentes o variaciones climáticas y regulan la velocidad para asegurar un flujo más constante y seguro.
Beneficios de la velocidad variable
Los creadores de esta nueva estrategia de control del tráfico afirman que, al reducir las diferencias de velocidad entre coches y evitar frenazos sorpresa, se minimizan los golpes por alcance y las situaciones de riesgo.
Además, un tráfico más homogéneo significa menos paradas y arranques, lo que ayuda a que la circulación sea más fluida. Por otro lado, no tener que estar pegando frenazos cada dos por tres hace que la experiencia de conducir sea mucho más cómoda para los usuarios de la vía.
Finalmente, señalan que, si el tráfico fluye mejor, se consume menos combustible y se emite menos dióxido de carbono (CO₂) a la atmósfera.
Los paneles luminosos actúan como informadores del límite de velocidad aplicado en cada momento.
El caso de la AP-7: un experimento en marcha
Un ejemplo claro de implementación de la velocidad variable lo tenemos en la AP-7, una de las vías más transitadas de Cataluña. En esta importante autopista el tráfico se disparó desde que, en 2021, se eliminaron los peajes, aumentando los atascos y la siniestralidad.
Como solución, se ha decidido aplicar este sistema de control de velocidad variable en un tramo de 150 kilómetros, desde Maçanet de la Selva hasta El Vendrell.
El funcionamiento es similar al de las Autobahn alemanas: la velocidad se regula en función de las condiciones del tráfico y del clima. En la AP-7, los paneles pueden reducir el límite hasta 60 km/h en los tramos más complicados, evitando así frenadas repentinas y accidentes.
¿El futuro de nuestras carreteras?
La velocidad variable es una solución que ya se ha probado con éxito en otros países y que podría extenderse a más carreteras en España.
De momento, la DGT no ha dado luz verde a aplicarlo de forma general, pero si funciona bien en la AP-7, podría cambiar la forma en la que gestionamos el tráfico en nuestras autovías.
Al final, de lo que se trata es de conducir de manera más eficiente y segura. Porque, aunque nos guste la velocidad, lo importante es llegar bien y sin sustos. Y si además conseguimos evitar atascos y reducir la contaminación, mejor que mejor.
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